jueves, 5 de julio de 2012

Odio a las palomas

Más que odio tal vez sea fobia, porque me aterrorizan. Tanto es así que por culpa de ellas he cambiado algunos de mis hábitos: ya no me siento en las terrazas de los bares por temor a que me asalten, evito plazas y parques, suelo llevar arroz en los bolsillos para esparcirlo en las zonas donde concurren e incluso me cambio de acera si las vislumbro en el horizonte.

Lo que más me molesta del asunto es que parecen haberse acomodado al funcionamiento de las ciudades incluso mejor que sus habitantes, por lo tan siquiera se inmutan ante sonidos estridentes ni se apartan cuando alguien se cruza en sus trayectorias.  

No sé si las habéis observado con detenimiento. Ojos inyectados en sangre, plumaje macilento y unas patas que a menudo presentan deformaciones o algún tipo de amputación. Solo imaginarme que pudiera quedarme encerrado en un habitáculo con centenares de estos bichos... me pongo malo. No puede haber nada peor. 
                                                                                            
El único consuelo que me queda es que últimamente estoy viendo a más de una gaviota dedicándose a asesinarlas, lo cual no sé si es del todo bueno, porque probablemente sean las próximas en invadirnos. En todo caso, muerte a la palomas. Ah, y a todos esos abuelos que las alimentan. 

2 comentarios:

  1. Ya somos dos...no puedo con ellas, superior a mi, creo que soy la única chiquilla de esta, mi ciudad que en la Plaza más popular no tengo foto con ellas...las odio desde bien pequeña...y junto a ellas...las cucarachas, éstas últimas llegan a paralizarme..en fin...

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