jueves, 27 de septiembre de 2012

Crónica de una muerte anunciada

Hoy ha muerto "Buddy". Aunque probablemente lo hiciera ayer. O tal vez no esté muerto, porque no he encontrado evidencias (el cuerpo) de que así sea. De todos modos concluiré que sí, ya que las plantas no tienen por costumbre andar solas a no ser que hayan sido modificadas genéticamente (¿alguien recuerda a los trífidos?). Sí, amigos, habéis leído bien. Buddy era uno de esos muñecos-plantas que cuando los riegas les crece césped a modo de cabellera.

Un día lo vi en una tienda de souvenirs y me pareció gracioso, así que lo compré. Y desde entonces vivió en la terraza junto a las demás plantas -normales- que tengo. El problema con Buddy es que pese a regarlo regularmente nunca le crecía el pelo. Pasaron los meses y nada de nada. Era extraño pero pronto asumí que ese mequetrefe iba a sufrir de alopecia galopante de por vida, de manera que tuve que aprender a quererlo tal y como era, con sus defectos y virtudes.

Pues cuál ha sido mi sorpresa que esta mañana al salir a la terraza a recoger la ropa tendida, me encuentro el bote en el que habitaba Buddy vacío y volcado cerca de la barandilla. Supuse que con el viento de la última noche ese pequeño rufián había desaparecido del mapa para no volver jamás, sin decir adiós siquiera, solo dejando tras de si un reguero de tierra mojada e incertidumbre.

Allá donde estés Buddy, pásalo bien. Quién sabe, igual hasta te crece el pelo. Ah, y bueno, no pretendo que empaticéis en absoluto con esta pérdida, pero eso no quita que lo eche a él mucho más de menos que a infinidad de personas que han pasado por mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario