miércoles, 13 de febrero de 2013

Muerte de una sombra


Los observaba comer, reír y comentar, gesticular con brío y desmedido afecto, entusiasmados por compartir mesa después de tanto tiempo. Robert se sentaba en un extremo, sin sentirse allí. No podía participar en sus conversaciones ni mostrar ademán alguno de interés; tan siquiera se veía con fuerzas para llevarse la cuchara a la boca por lo que permanecía inmóvil como una losa, pestañeando a duras penas y con los ojos a punto de desorbitar. Estalló en jadeos, sin aliento. Tenía un frío mortal

Los varones soltaban chistes fáciles para ganarse la estimación de sus congéneres y las damas, a su vez, sonreían complacientes. La hipocresía pudiera suponerse un comensal más, el anfitrión que orquestaba el jolgorio. A Robert le empezó a arder el estómago; no supo si achacarlo a un hambre atroz o al sentimiento de angustia que solía devorarle las entrañas de un tiempo a esta parte. Pese a su nerviosismo evidente nadie reparó en él, pero tampoco hubieran advertido una puerta al infierno abriéndose ante sus narices.

                         

Su apartamento se encontraba como antes de partir, anegado por la luz de un número excesivo de bombillas a pleno rendimiento. Asió uno de sus bastones más densos y se dirigió renqueando al dormitorio para varar frente a la puerta y vomitar aire y cansancio. Cuando hubo recuperado parte de la entereza, giró el pomo temeroso de que su mano fuera a quebrarse, congelada, y la habitación poco a poco quedó al descubierto entre quejidos de bisagras. 

Al fondo, un ramillete de lámparas describía un perímetro de luz alrededor de una de las esquinas mientras el resto de la sala cedía sus formas a la penumbra. Y circunscrita en el interior de aquel círculo luminoso apresada estaba su sombra. Robert empezó a propinarle bastonazos con extrema vehemencia, alienado. Cada acometida despedazaba sus brazos en cristales de hielo y la figura, raquítica y sombría, chillaba y chillaba en una súplica atroz que hubiera podrido la más pura de las almas.


2 comentarios:

  1. Tenia que decir que de lo que he podido leer en tu blog me siento increible y enormemente identificado con lo que escribes. Ideas que he leido ya habian pasado por mi cabeza de la cual soy bastante esclavo.

    Atte., un lector con toda la vida por delante

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  2. Me alegra que alguien pueda verse reflejado en mis palabras. Esta es la magia de internet, supongo, nos creemos tan particulares y al final somos un montón de iguales con las mismas taras.

    Un saludo, amigo.

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