martes, 19 de marzo de 2013

El día que prendí fuego a un contenedor

Los que me seguís más de cerca conocéis mi lastimosa afición por el "cochupito", una especie de juego que funciona como mero pretexto para beber sin ton ni son hasta lograr caer abatido por el atontamiento o el aburrimiento, el que aparezca antes. La mecánica es sencilla. Me arrimo a la ventana (o salgo a la terraza cuando no hace frío) y bebo un chupito de Chivas 12 por cada coche de un determinado color (escogido con antelación) que pase por la calle en aquel momento. Brillante, lo sé.

El contenedor. Me ha quedado un poco conceptual.
El caso es que días atrás y practicando el susodicho juego acabé tan perjudicado que fui completamente abducido por un sentimiento de vandalismo extremo. Sin casi pensarlo siquiera y en un estallido adrenalítico agarré una botella de alcohol de quemar que tenía perdida por casa, un mechero, la bolsa con la basura del día y salí de casa. En el ascensor tuve tiempo a relajarme y a contemplarme un poco frente al espejo, como tratando de encontrar la lógica en todo aquello o atisbo alguno de arrepentimiento. Pero lo cierto es que tan solo vi a un anciano en pijama y de aspecto ridículo.

Lo demás os lo podéis imaginar; tiro la bolsa de basura, me aseguro de que nadie haya advertido mi presencia, rocío el interior del contenedor con el alcohol y prendo con el mechero una de las asas de la bolsa. Me quedo junto al portal y me canto por lo bajini: "cumpleaños feliz". Luego llamo a la policía y me subo para casa.

Sé que muchos diréis que es un comportamiento censurable, que entraña peligro, que no estoy más que quemando el dinero del contribuyente, que tal vez esté condicionado por una supuesta enfermedad mental o por las secuelas de una cirugía hipotalámica alienígena. O qué se yo. Yo os diría que no seáis tan trascendentales ni duros conmigo. Al final sólo quemé un contenedor y el día que siguió a aquella noche fue otro más de tantos otros.

6 comentarios:

  1. Que huevos tienes, de mayor quiero ser como tu, o no,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mejor no quieras serlo, amigo anónimo. Mejor no quieras serlo...

      Eliminar
  2. Aquellos que vivimos a sabiendas de no conocer el motivo, no recomendamos nuestra observación para el aprendizaje, ni cómo ejemplo de conducta ni de nada. Los que nos miramos al espejo y vemos el reflejo de un ser gris oscuro por fuera, mas rellenos de una luz tan intensa, que os ciega la comprensión, imposibilitando el hecho de poder ser admirada. Aquellos, sólo nos entendemos entre nosotros. Y así me siento cada día. Nada de sillas ni butacas.

    ResponderEliminar
  3. Me encanta leer sus artículos. Cuando llevo mucho tiempo sin pasarme por aquí y veo que no tiene nada nuevo me los releo todos otra vez. También le sigo en twitter, y me resulta interesante y rara, no por ello deja de resultarme cómico y agradable, su forma de escribir y lo que cuenta.
    Un saludo !

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, amigo. Es un verdadero consuelo que lo que escribo pueda resultar interesante a alguien. Prometo ponerme a escribir de nuevo, que últimamente estoy un poco perezoso.

      Un abrazo.

      Eliminar