lunes, 28 de octubre de 2013

Otra ocurrencia idiota

Sé que tenía el blog un poco abandonado, pero es que en los últimos dos meses me han pasado tan pocas cosas y tan insulsas que reseñarlas era de patéticos. Después de un corto retiro espiritual volví a mi rutina de "trabajo" habiendo dormido poco, sin demasiadas ganas y con infinidad de quehaceres improrrogables. Para que el día no se me hiciera tan cuesta arriba a primerísima hora me he propuesto lo siguiente:

1- Abrir el periódico por páginas aleatorias y hacer acopio de las 5 primeras palabras en las que recalaran mis ojos. Fueron las siguientes: explosión, toneladas, evolución, embajador y revelaciones. He evitado interjecciones, conjunciones y demás absurdidades.
2- Introducir todas y cada una de ellas en conversaciones con clientes. Me he permitido alguna que otra licencia que no estribara en más que pequeños cambios al singular.

El resultado ha sido bastante imbécil, pero he conseguido mi propósito; entretenerme relativamente y conseguir que me consideren un pesado idiota. Transcribo aquí una de las conversaciones medianamente lúcidas que he podido mantener sin sonar del todo incongruente y caótico:

Imaginad que esto es un dedo señalando.

Cliente 1 (un habitual que no es excesivamente hablador).

-Buenos días. -coloca sobre el mostrador una pasta y un zumo.
-Buenos días. ¿Sabe qué? Años atrás comía toneladas de esas cosas, a todas horas. Supongo que dejé de comerlas por miedo a una explosión de colesterol. La verdad es que soy bastante propenso a padecer subidas de colesterol, pero siempre he sido poco prudente y he antepuesto el placer a la salud. Pero ya tengo una edad y si no empiezo a cuidarme ahora, cuándo lo haré... Son 1.95€, por favor.
-Sí, imagino que los excesos no son buenos. Aquí tiene, gracias.
-¡Espere! -Cierro los ojos y le obligo a compartir un silencio incómodo de unos tres o cuatro segundos de duración. Despierto y suelto: Embajador, evolución.
-¿Cómo dice?
-Embajador, evolución. No sé, son dos palabras que me han venido a la mente de súbito y he sentido que tenía que decírselas por alguna razón que no alcanzo a comprender. Llámelo una revelación. Es extraño. ¿A usted le dicen algo?
-No, no, la verdad es que no. Tengo que irme. Con permiso.
-Adiós, adiós.

Y eso ha sido todo. No sé qué esperabais.

4 comentarios:

  1. jajajajajajajajajajajajajajajajaja... Francamente hubiera pagado por la cara de la ciudadana al oirte soltar lo de "Embajador"... "evolución"...jajajajajajajajajajajajajajaja... así, sin anestesia...echaba muchíiiiiiiiiiisimo de menos estos golpes...por favor!!!... no pares!!!... Te venero e idolatro.

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    1. Intentaré no bajar el listón. Gracias por leer, como siempre ;)

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  2. Me parece bastante agudo tu experimento.
    Embajador (qué no sé para que sirve aún), y evolución... ésta última, creo que dejo de existir en cuanto que ahora involucionamos. Tal vez dentro de unos cientos de años, o miles, volvamos a evolucionar de nuevo. ¡Quién sabe!

    Cordiales y naturaros saludos.

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    1. No podría estar más de acuerdo contigo. Pero muchísimo, de verdad. Tal vez las palabras que escogí no fueran tan aleatorias al fin y al cabo.

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