jueves, 18 de septiembre de 2014

"Stormy" Stevenson

Estoy convencido de que me percibís como una persona despojada de sensibilidad social, y en parte sé que la culpa es mía por alimentar esa creencia con un perfil de Twitter y un Blog que a menudo tan solo parecen funcionar a modo de escaparates fuliginosos donde exponer anécdotas y comentarios cargados de resentimiento. Os alegrará saber que tiempo atrás tuve amigos interesantes; vínculos que no he alcanzado a consolidar por la frustración de saberme infinitamente inferior en comparación a sus talentos. Qué me vais a contar que no sepa, amores míos. Siempre he sido un poco imbécil y envidioso.  

A finales de los 60 -por aquel entonces tenía yo 22 años y trabajaba en una discográfica- conocí a un saxofonista, cantante y compositor de blues con un talento fuera de órbita. De ahora en adelante me referiré a él como "Lou" Stevenson

Nuestra amistad se fraguó en ambientes trasnochados que exhalaban rancios y entre tragos de whisky de calidad cuestionable. Confieso que nunca me he sentido más vivo que siguiéndolo en sus habituales rondas por los clubes de moda, a pesar de la frivolidad de sus moradores y lo gastadas que sonaban sus charlas. Lou lideraba su cuarteto y yo bebía a expensas de presentarme en condición de "representante", "quinto integrante lesionado" o de lo que demonios quiera que nos inventáramos. Todos nos divertíamos y la gente lo pasaba en grande, pero aquel negro solía revolverse el ánimo con pensamientos turbios e introspectivos:

Sabes, (mi nombre), salimos y tocamos las canciones de otros y eso está bien. Noche tras noche. Un mes y al otro también. La gente baila y sonríe y bebe y aplaude y nos ama y es perfecto (...) Pero siento que debo dejar atrás esta vida tan liviana y llevar mi relación con la música a otro nivel más personal. Quiero empezar a componer mis mierdas (...) y envejecer sin darme opción a reprocharme el no haberlo intentado.

Esta revelación flemática suya me enervó sobremanera. Después de todo, Lou tenía la desfachatez de recordarnos cuánto habíamos construido nuestros cosmos entorno a un sistema de retribuciones pueriles (dinero, chicas y diversión), como si fuéramos unos inconscientes y nada estuviera ya de sobras consensuado. Fui de los primeros en condenar su decisión y pronto se sumarían también los demás miembros de la banda e incluso la discográfica. Éramos repugnantes parásitos que estaban siendo arrancados de raíz

Pasaron dos años y Lou actuaba en un discreto local de extrarradio. Me acerqué allí con la esperanza de que fuera un éxito -de veras que sí- pero preferí sentarme al fondo de la sala en uno de esos asientos que claman estar reservados para tipos avergonzados y arrepentidos. Y entonces, sucedió. Tras las primeras notas de su sencillo Trying to be me incluido en su segundo álbum en solitario, Call it Love, empezaría a diluviar en el interior del local. La lluvia remitía ligeramente en los pasajes sosegados y recobraba el brío en los complejos. Aún guardo retales de un par de rotativos cuyos titulares se me antojaron más alarmantes: "Un chaparrón musical científicamente imposible" y "Nace Lou 'Stormy' Stevenson en una velada pasada por agua". 

En fin. Ante la imposibilidad de grabar en estudio y tocar en directo por las dificultades técnicas que la lluvia ocasionaba, discográficas y promotoras se desentendieron de él. La última noticia suya que llegó a mis oídos es que se había mudado a Nueva York empezando una existencia errática entre albergues de techos estrellados y catres de cartón y asfalto. Decían que si uno paseaba por la 5a avenida con la 57 a menudo podía toparse con un corrillo de transeúntes sosteniendo sus paraguas alrededor de una figura sombría y entregada. Creo que Lou acabó muriendo de neumonía.

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias por tomarte la molestia de leerlo, Lulu. Un abrazo.

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  2. Fantástica forma de escribir un blues con mucho soul. Interesante de principio a fin, gracias por estos ratos.

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    1. Es reconfortante imaginaros a ese lado de la pantalla leyendo mis tonterías. Gracias, Carmen. De verdad.

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  3. Interesante historia
    Pero creo q el hizo lo correcto :)

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